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sábado, 23 de enero de 2010

La quiebra de España

¿Adónde nos conduce el inútil éste que gobierna en La Moncloa?:



De seguir a este paso, dentro de pocos días, deberé cambiar el título de esta entrada suprimiendo el artículo determinado y la preposición: "QUIEBRA ESPAÑA".

Tras las últimas recomendaciones del Deutsche Bank y de Goldman Sachs, en la que recomienda protegerse ante un posible impago por parte de España y, tras nuevas amenazas con seguir las rebajas de la calificación de nuestra deuda pública por parte de todas las agencias internacionales, la situación hacia la que nos dirigimos es la del DESASTRE total.

España está en riesgo de bancarrota, y esto lo podremos ver en los siguientes meses.

Desde los tiempos de Felipe II (aquel rey con el que España llegó a lo más alto y, paradójicamente, comenzó su declive imparable con las sucesivas bancarrotas de su reinado y el tremendo ridículo de la Armada "Invencible"), España no había estado en una situación de peligro inminente de quiebra como en la actualidad.

¿Qué pasará cuando nadie quiera comprar deuda española y, la que podamos colocar, se haga a intereses inasumibles para ésta y futuras generaciones?

¿Qué pasará cuando, dentro de unos meses, miles de funcionarios puedan llegar a correr el peligro de no cobrar a fin de mes?

¿Y los ancianos pensionistas?

¿Y los bancos -ya maltrechos-, cuyas emisiones están condicionadas al valor de la emisión de deuda pública española?

Urge BOTAR a este señor de la Presidencia (si es con la fuerza del voto, mejor) para que no lleve a este país a una ruina frente a la que el famoso "corralito" argentino parecerá un paraíso.

En los próximos meses se decidirá el futuro de España, quizás por siglos.

Ante situaciones de emergencia como la actual hay un señor que debería actuar, pero no lo hace, porque "'reina', pero no gobierna" (a saber qué significa eso de "reinar"). Eso sí: cobra puntualmente de todos los españoles nueve millones de euros anuales (unos 1.500 millones de las antiguas -y nuevas- pesetas), al margen de los gastos subsiguientes de mantenimiento de los palacios, servidumbre, seguridad y programación de viajes... mientras, progresivamente, lo que sí reina de verdad es el caos económico en la nación, en la moral, en la educación de nuestros jóvenes y en el insulto constante a la Iglesia Católica:









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